viernes, 18 de marzo de 2011

Capítulo L

Frank dormitaba acurrucado contra mí, y no quería despertarlo. A decir verdad, no quería moverme. Había algo extrañamente liberador en estar así, tendidos desnudos en la alfombra, abrazados. O quizá fuera el hecho que habíamos vuelto a hacer el amor después de tanto tiempo. Al final, fue lo que siempre nos limitaba lo que me hizo levantarme: los rayos de sol empezaban a colarse sin permiso por la rendija de la ventana.

Alcé a mi amante con todo el cuidado que me fue posible y lo llevé hasta la cama. No pude evitar recordar aquella noche en Jersey, en que había llevado cargando a un desconocido muchacho de ojos ambarinos hasta mi apartamento ¿Quién iba a decirme que tan solo unos meses después se volvería tan importante para mí?

Lo deposité con cuidado entre las sábanas y le di un beso en la frente antes de acomodarme al otro lado. Frank se dio vuelta sin abrir los ojos.

-Abrázame – exigió, y le obedecí de inmediato – ¡No me trates como si fuera un niño desvalido! Abrázame fuerte, como solías hacerlo.

Presioné su cuerpo contra el mío, y a decir verdad, supuso un extraño placer el comprimir sus costillas entre mis brazos, enredar mis piernas con las suyas. Era una forma de hacerle saber que estaba ahí, que no lo iba a dejar ir. Frank suspiró, pero no se quejó.

-No te permito que me compadezcas, Gerard – me dijo con firmeza – Ódiame, envíame lejos si quieres. Pero no te atrevas a compadecerme.

-Lo siento. No volverá a pasar – le prometí.

-Más te vale.

Frank se relajó, todavía sin abrir los ojos. Traté de reprimir el deseo de que los abriera, de que los clavara en mí como solía, estudiando mi rostro, analizándome como si pudiera descubrir algún secreto antiguo en él.

-Te estoy mirando – replicó él, de pronto, contestando a un pensamiento que ni siquiera había tomado forma en mi cabeza – Puedo verte claramente, ¿sabes?

-¿Cómo? – inquirí, confundido.

-Eres lo primero que aprendí a reconocer – me explicó – Antes incluso que las notas en mi guitarra o que las distancias en el departamento. Tu voz, tu olor, tus pisadas – se acercó más a mí – Tu cuerpo. Eran las únicas cosas que me resultaban familiares en medio de todo esta… confusión.

Sus dedos acariciaron el contorno de mi rostro con mucha suavidad. Los atrapé con mis labios y los besé uno por uno.

-Te amo – le dije. Frank sonrió ampliamente.

-Es la primera vez que te creo cuando lo dices.

Había un sonido en medio de mi sueño, un sonido chillón y repetitivo que me taladraba el cráneo a través de la agradable bruma que había caído sobre mí luego de mi conversación con Frankie. No podía determinar de donde venía. Quizá no viniera de mi sueño, a juzgar por el hecho que de pronto era consciente de las sábanas debajo de mí y de tener la cabeza hundida en las almohadas. El sueño se negaba a abandonarme del todo, como un pulpo que pegara sus ventosas a mis párpados. Yo tampoco colaboré mucho. No tenía ganas de despertarme.

Estiré la mano para tocar a Frank, pero lo único que encontré fue el espacio vacío en su lado de la cama. El sonido se había detenido y alguien hablaba en susurros.

-Espera, creo que despertó – era Frank. Su cabeza asomó por la puerta. Sus ojos parecían abarcar toda la habitación, sin centrarse en ningún punto en concreto – ¿Gerard?

-Sí. Estoy despierto – dije y me levanté, recogiendo algo de ropa al pasar.

-Es Elenor – me dijo, señalando mi celular – Dice que necesita hablar contigo.

Me levanté y caminé hacia él. Recibí el aparato y lo observé un momento.

-Vístete – le dije – Salgo a cazar contigo esta noche.

-¿De verdad? – su rostro se iluminó emocionado.

-Sí. Sólo me tomará unos minutos.

Frank asintió y se metió al cuarto mientras yo aseguraba el celular entre mi hombro y mi oído y empezaba a vestirme.

-¿Qué ocurre?

-¿Llamé en un mal momento? – preguntó Elenor.

-No te preocupes. Escucha, lamento lo de anoche…

-Descuida. Sé que estabas cansado – me cortó ella – Yo también me sentía como en un callejón sin salida. Pero… estuve pensando sobre eso de los nombres.

-¿Qué ocurre con ellos? – terminé de abotonarme el pantalón y me senté en el sillón.

-Cuando te encontré en Londres, supe de inmediato que tú eras de la Segunda Generación porque me dijiste que tu creador era William – me indicó – Lo supe porque Basarab me dijo los nombres de los otros vampiros de Primera Generación.

-¿Y eso?

-No lo recordé hasta anoche. Tuve que recurrir a mis viejos diarios para asegurarme de esos recuerdos – la voz de Elenor vaciló un momento – Dijo que él y otros cuatro vampiros de la Primera Generación habían acordado no volver a reunirse jamás. Que uno de ellos incluso se había cambiado el nombre para huir a Europa Occidental. El verdadero nombre de William era Ville.

-Entiendo – asentí – Pero, ¿por qué habían decidido no reunirse? ¿De qué estaban asustados?

-¿Recuerdas esa historia del pacto con el diablo en la que Michael insiste tanto? – me indicó Elenor – Hay algo de eso, pero no fue exactamente así. Lo había olvidado por completo. Basarab me explicó que un vampiro, un Vampiro Originario, los había juntado a ellos seis, una noche de invierno en un lugar de Europa Oriental, y los había convertido la misma noche. Les dijo que les entregaba una nueva vida, que el mundo era suyo. Luego desapareció. Nunca supieron qué fue de él.

-Un Vampiro Originario – saboreé la idea, algo incrédulo. Sonaba casi demasiado fantástico. Si ese ser realmente existía, debía ser poderosísimo.

-La mayoría de ellos aceptó su nueva vida, aprendieron sobre beber sangre humana y evitar la luz del sol. Pero uno de ellos, Mandrae, se rebeló contra su nueva naturaleza. Basarab dijo que se volvió loco, y juró destruirlos a todos, incluyendo al Vampiro que los había convertido. Se volteó hacia una religión fanática, y de su propia sangre, creó los instrumentos con los que dar muerte a sus propios hermanos.

-Los Cazadores – adiviné.

-Así es. La Orden de los Cazadores se componía de unas cuántas familias que Mandrae había escogido especialmente, pero a medida que los vampiros nos multiplicamos y nos expandimos en el mundo, tuvo que aceptar a personas ajenas a ellos.

-Espera – me detuve a pensar un momento – ¿Estas diciendo que el poder de los Cazadores viene directamente de un vampiro de Primera Generación?

-Eso explicaría muchísimas cosas – comentó Elenor – Explicaría por qué querían a William. Si algo le pasó a Mandrae, entonces debían conseguir su poder de otra fuente. También explicaría por qué salieron de su letargo de manera tan violenta.

-¿De qué nos sirve todo esto? – preguntó, algo frustrado, aunque el rompecabezas empezaba a tomar forma en mi cabeza.

-Conociendo sus motivos, podemos idear una forma de actuar – afirmó Elenor – ¿Puedes venir para que discutamos esto con Michael?

Frank salió del cuarto. Estaba vestido informal, aunque impecablemente. Por una vez no se había puesto jeans rotosos y había optado por una camisa en lugar de una remera. Sonreí sin poder evitarlo.

-En unas horas – prometí – Y no mandes a Carmen y Maxwell.

Corté antes de que pudiera contestarme y atravesé la sala para besarlo.

3 comentarios:

Anachronism dijo...

wokdjflskdjflksdjflskdfwoijelfkjnrestgvuinpeovcnpaskn quedó claro, supongo.
Espero (:

Unknown dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Unknown dijo...

Tenía que dejar un comentario...Y digo, es realmente bueno, creo que este es el primer fic de vampiros que leo y me gusta, esa relación que tienen esos dos me mata. Que pena que solo queden 10 capítulos haha, a ver como termina :)