martes, 22 de marzo de 2011

Capítulo LX

En 400 años, no recuerdo un día que haya sido más largo que aquel. Jamia y yo llegamos a un almacén abandonado en medio del campo, y ella se encargó de tapiar todos los agujeros por los que podría llegar a entrar la luz del sol. Quise ayudarla, pero ella insistió en que mantuviera quieto hasta que se me pasaran los efectos del Demonio Azul. Fue un alivio que ella demostrara tener criterio por los dos, porque no creo que hubiera podido sobrevivir de otra manera. De muchas formas, yo le debía la vida, tanto como ella a mí.

Habían pasado casi dos horas desde la salida del sol cuando los efectos del Demonio Azul finalmente se me pasaron. Intenté mantenerme despierto, pero era como si alguien me hubiera echado una tonelada de plomo sobre los ojos. Cuando Jamia me vio peleando contra el sueño, simplemente me empujó contra un montón de paja.

-Duerme, Maestro – me murmuró al oído – Yo vigilaré.

No sé si fue el coletazo del efecto de la droga, pero de pronto sentí que confiaba en ella, confiaba en ella plenamente. Así que cerré los ojos y me dejé arrastrar por el sueño.

El cantar lejano de las chicharras fue lo primero que llegó hasta mí al día siguiente. Abrí los ojos y por un desconcertante minuto, no tuve idea de dónde estaba. Luego, poco a poco, las memorias fueron volviendo a mí. Alcé la cabeza y miré a todos lados.

-¿Jamia?

Jamia se removió de inmediato en su rincón de las sombras donde obviamente había dormido. No dijo nada, pero acudió diligentemente a mi lado, esperando por si tenía que ayudarme a pararme. No fue necesario. Todas mis habilidades estaban volviendo poco a poco.

-Necesitamos llegar a casa de Elenor – dije, recordando cuál era el plan en caso de que ocurriera… efectivamente, lo que había ocurrido. Jamia asintió con la cabeza.

-Déjamelo a mí.

Menos de media hora después, volábamos por la ruta en un auto que había pertenecido a un desprevenido grupo de jóvenes lo suficientemente imprudentes para detenerse ante el pulgar erguido de Jamia. La forma en que había desgarrado sus cuellos había sido instintivamente perfecta. Tenía razón: si alguien había nacido alguna vez para ser una criatura de la noche, esa era Jamia.

Pero no tenía ganas de admirarme en ese momento. Mi mente volaba irremediablemente hacia la fortaleza quemándose, hacia los vampiros que no sabíamos si habían conseguido escapar, hacia la casa de Elenor que quizá encontráramos vacía… hacia Frank, una y otra vez hacia Frank de manera obsesiva. Y no era el único que lo estaba pensando.

-¿Qué crees que pensará cuando… cuando sepa que me convertí? – preguntó Jamia, sus dedos pálidos aferrados al volante – ¿Qué crees que pensarán todos los vampiros?

-No lo sé – contesté con sinceridad, encogiéndome en el asiento del acompañante. No quise decir que cabía una gran posibilidad que quizá no quedara nadie para opinar al respecto.

La casa de Elenor, por lo general tan iluminada, se veía vacía y oscura cuando aparcamos en la entrada. Un escalofrío lleno de malos presentimientos me recorrió la espalda. Me dolía la cabeza, así que simplemente no podía tantear el lugar en busca de alguna mente conocido. Jamia aún llevaba la pistola en su cinturón, pero aquello no era garantía de nada.

La puerta estaba abierta, así que entramos en la casa sin ningún miramiento. La planta baja se veía tan vacía y desolada como la habíamos dejado la noche anterior. No había nadie en la sala, ni en la biblioteca, ni en el pequeño salón de alfombras rojas donde Elenor celebraba sus reuniones especiales. Si la Condesa había sobrevivido, no había regresado a casa.

-¿Escuchas eso? – preguntó de repente Jamia, alzando la cabeza. Lejanas voces apagadas llegaban desde el segundo piso. Suspiré de alivio.

-Quizá están ahí – sugerí – Quédate detrás de mí.

Subimos las escaleras haciendo el menor ruido posible. Las voces se hacían más sonoros y de pronto me di cuenta que lo que estaba escuchando no era una simple charla… era una discusión a pleno pulmón. En el momento que escuché el sonido de un vidrio cayendo al suelo y partiéndose, supe que algo estaba terriblemente mal. Olvidándome por completo de Jamia, me tragué los escalones de tres en tres e irrumpí en la habitación de donde venían los ruidos.

Apenas tuve unos segundos para asimilar lo que veía. Raymond estaba tendido en el suelo, inconsciente o quizá muerto, Frank era la persona que gritaba y se retorcía, zapateando casi rítmicamente sobre los restos de lo que había sido una lámpara de mesa, hecho presa en los brazos de… Michael. La rabia explotó en mi cabeza y hubo un rugido en la habitación. Hasta que sentí mi garganta raspándome no me di cuenta que era yo quién había aullado.

El cuerpo de mi hermano impactó contra la pared con un ruido sordo. Mis manos ardientes buscaron su garganta, pero no lo suficientemente rápido como para que él no me devolviera una patada para quitarme de encima. Le lancé un puñetazo a la cara, que consiguió esquivar, agachándose. Cuando volvió acercarse a mí, sentí un ardor en la cara seguido de la humedad de la sangre caliente deslizándose hacia mi cuello. Apenas tuve tiempo de darme cuenta que Michael acababa de cortarme el rostro con un pedazo de la lámpara cuando me remató con un golpe que me lanzó contra el poste de la cama. Para cuando conseguí recuperarme, él ya tenía un pie afuera de la ventana. Me sonrió con malicia.

-Bueno, hermano – dijo – Esto ha sido una visita interesan…

La detonación lo corto en seco, y su sonrisa se deformó en una horrenda máscara de agonía. Se tocó el pecho sin poder creerlo y sus dedos se tiñeron de rojo. La segunda detonación hizo un agujero limpio justo en medio de su frente inmaculada. Michael se tambaleó y cayó hacia atrás. El ruido de motores en la puerta delantera vino a aumentar el caos que rugía en mi cabeza mientras me asomaba a la ventana, incrédulo. Por primera vez en siglos, mi hermano se había quedado sin palabras.

Supongo que no puedo culpar a Elenor por no estar exactamente tan serena como siempre. Después de todo, regresar a casa y encontrarse con el caótico cuadro de un nosferatu inconsciente, de vampiro de Segunda Generación muerto en su jardín, una ex Cazadora con una pistola aún humeante en la mano y un neófito sollozando contra el pecho de su creador, no era exactamente el recibimiento que hubiera elegido después de la noche que había pasado.

-Por todos los infiernos, ¡¿alguien puede explicarme qué ha ocurrido aquí?! – fueron sus primeras palabras cuando contempló las secuelas del pandemonio que acabábamos de desatar.

A Frank le tomó varios minutos tranquilizarse para contar su historia. Dijo que Michael había llegado cuando aún no había atardecido del todo, diciendo que Elenor, yo y todos habíamos muerto en el incendio de la fortaleza, y los había convencido a Raymond y a él de que debían escapar lo antes posible. Raymond, que había recibido un severo golpe en la cabeza, estaba completamente exasperado.

-¡Ni siquiera sé en qué momento me atacó! – protestaba una y otra vez, de forma que llegué a creer que el golpe en la cabeza había afectado su memoria a corto plazo.

Dejé que Jamia contara la historia mientras Carmen curaba el raspón que Michael me había hecho en la mejilla, lo cual le era sumamente difícil porque Frank estaba sentado en mi regazo, abrazándome como si no quisiera que nadie en el mundo fuera capaz siquiera de mirarme otra vez. No dijo nada, solamente se quedó allí, con la cara hundida alrededor de mi cuello, con los brazos apretándome hasta sacarme moretones. Agradecí que no dijera nada. Así tuve la oportunidad de contar a la docena de vampiros que los Cazadores habían decidido dejar vivos. Incluyendo, a mi creador.

William permaneció parado solemnemente, observando todo con aquellos ojos ambiguos que yo conocía también. Varias veces nuestras miradas se encontraron s través del salón. Una sola vez, cuando Jamia habló de cómo había matado a Michael, William salió de su inmovilidad para asentir con la cabeza, como aceptándolo, como indicando que no se podría haber hecho ninguna otra cosa. Elenor aún estaba desconcertada para cuando llegó el momento de las decisiones, pero al menos parecía aliviada. Se apoyó hacia atrás en el sillón, y Kraig, como siempre atento a los mínimos detalles, se paró a su lado para ponerle un mano en el hombre.

-Esto… esto no ha salido para nada como lo había planeado – suspiró la Condesa, y se volvió para mirar a William – ¿Tienes algo que decir? Michael era tu vástago…

-¿Qué puedo decir? – contestó él, saliendo de lo que pareció un profundo estado de trance – La chica actuó en defensa de Gerard. Si él está dispuesto a responder por ella

-Lo estoy – aseguré antes de que pudiera continuar – Respondo por mi vástago y por todas sus acciones.

-Michael hubiera sido castigado por su traición en la fortaleza – aportó Kraig, y Elenor asintió.

-Sin embargo, ella era una Cazadora. No creo que sea buena idea que se quede aquí para cuando los Cazadores de otros estados se enteren de lo que ha ocurrido – Elenor soltó un largo suspiro – Jamia, vampiresa de Tercera Generación, yo te condeno a una década de exilio fuera de la ciudad de Nueva York.

-¿Una década? – Frank salió de su letargo – Pero acabas de decir…

-Una década pasa rápido – apoyé mi mano en su mejilla para indicarle que era mejor callar – Yo le proporcionaré los medios para que pueda ir a donde quiera.

-Siempre quise viajar – murmuró Jamia, y esbozó una sonrisa – Estaré bien, Frankie.

Frank suspiró y volvió a apoyar la barbilla en mi hombro. Elenor sacudió la cabeza y dijo que había sido una larga noche. Se levantó para retirarse y uno a uno, todos los demás siguieron su ejemplo. Al final, en el saloncito solamente quedamos William, Frank, Jamia y yo. Los sobrevivientes de una única línea de sangre. Una familia. Casi tuve ganas de sonreír ante la ironía.

-¿Seguro que estás bien? – le pregunté a William. Él se encogió de hombros.

-Michael fue artífice de su propio destino – sentenció gravemente. Luego se nos quedó mirando un largo rato – Gerard, entiendo por qué la elegiste a ella. Pero…

-Frank me pidió que lo convirtiera – declaré – Y no me arrepiento de haberlo hecho. Lo amo.

-Ya veo – William ladeó la cabeza. Una sonrisa, una sombra de aquella sonrisa diabólica que yo había conocido en Escocia hacia tantos años se extendió por su rostro sibilino – Entonces… supongo que amerita que les haga un regalo entonces.

-¿Un regalo? – murmuré, confundido, pero William ya se estaba arremangando su destrozada camisa.

-Sangre de la Primera Generación – dijo, arrimando la muñeca a la boca de Frank – No encontrarás mejor – Frank se incorporó, como dudando – Vamos, muchacho. No seas tímido.

Frank tocó la piel de William y pareció estar a punto de hacer un comentario, pero luego cambió de opinión. Me puse tenso cuando lo vi bajar los colmillos hacia él, y me preparé para lo que fuera: dolor, confusión, horror por los recuerdos que seguramente le transmitiría. Pero en lugar de todo eso, Frank gimió de placer de una manera que despertó mis celos y bebió con tanta avidez que por un momento pensé que se atragantaría. William cerró los ojos y no apartó el brazo ni siquiera cuando la palidez de su rostro se volvió aún más mortal de lo común.

Por fin, Frank apartó la boca, respirando agitadamente y se aferró a mí casi con miedo. Jamia se incorporó, tan anhelante como yo, esperando. Frank abrió un ojo, y lo volvió a cerrar. Luego abrió los dos. Parpadeó varias veces. Una sonrisa lenta se expandió por su rostro. Luego, empezó a reír, a reír a carcajadas de puro júbilo. Puso ambas manos en mi rostro y me hizo mirarlo, aunque yo sospechaba con eufórica ansiedad lo que había ocurrido.

-¡Gerard! – me llamó – ¡Puedo verte!

No tuvo tiempo de decir nada más. Mis labios colapsaron contra los suyos.

FINIS.

3 comentarios:

Anachronism dijo...

morí :')
en una palabra, excelente.

Unknown dijo...

Que final<33 me gusto mucho, muy bueno, gracias por subirlo(y).

Selene Loreto dijo...

me pasaron el link de este fic y debo decir que lo ame! muy, muy buen fic, ahora la pegunta que me moria por hacer, segun lei, la autora te dio el fic, asi que me darias el premiso de publicar este fic en un foro?, es tan bueno que me gustaria que la gente de ese foro lo leyera, obvio todos creditos a ustedes, te dejo mi msn para esperar tu respuesta: zendalvampire_lestatrock@hotmail.com, espero que aceptes y que estes bien!