-Ah, hasta que mi hermano se digna a aparecer.
Ni siquiera me molesté en responderle la ironía a Michael cuando Carmen me hizo pasar a la sala dónde él y Elenor me estaban esperando. Me sentía demasiado de buen humor para cualquier reyerta con él.
-Toma asiento, Gerard – Elenor fue más amable, pero tampoco pudo evitar demostrar lo irritada que estaba por mi tardanza.
-Buenas noches, Elenor, Michael – saludé, mientras dejaba caer en el sillón, sin molestarme en ocultar lo satisfecho que me sentía y lo poco que me afectaban sus actitudes hostiles – Espero que hayan tenido una buena caza esta noche. Yo la tuve.
-Pues qué bien por ti – gruñó Michael, y yo le sonreí descaradamente. Elenor carraspeó.
-La razón por la que te llamé, Gerard – dijo – Es porque he pensado en hacer oficial el anuncio de que eres mi Segundo en caso de que algo me pase a mí.
La sonrisa se me congeló en el rostro y pasó a ser un gesto de puro pasmo cuando me volví hacia ella.
-¡¿Estás loca?! – exclamé – Para empezar, yo jamás te he dicho que sí a eso. Y segundo, ¿sabes el revuelo que causaría entre los vampiros más antiguos que yo? Randolph, Malachi…
-Sus opiniones no podrían importarme menos – sentenció Elenor con gravedad – Y es necesario hacer el anuncio antes de poner en marcha el plan.
-¿Qué plan? – los miré confundido, tratando de entender a qué se referían. Michael únicamente me echó una mirada de desprecio y esperó a que Elenor lo explicara.
-Gerard, creemos que William está vivo – dijo Elenor – Y que los Cazadores están usando sus poderes para atacarnos. Es la única explicación razonable que se nos ocurre para explicar lo que ocurrió la noche que los atacaron a ti y a Frankie.
-No te entiendo – fruncí el ceño, convencido de que Elenor hablaba crípticamente a propósito. Para mi sorpresa, fue Michael quien me respondió.
-Conociéndote, hermano, dudo que un grupo de Cazadores acechando tu casa se te haya pasado inadvertido tan fácilmente – dijo – Un grupo de Cazadores con la sangre de William en las venas… ese es otro asunto. No los habrías percibido con tanta facilidad, aún si te hubieras concentrado. Porque la sangre de William corre por tus venas. Los parecidos se rechazan. Por eso no los percibiste.
-Eso es ridículo – sentencié, bastante seguro de mí mismo – Aún si hubieran bebido la sangre de William, habrían tenido que saber a qué vampiro atacar para…
-Gerard, llevan años estudiándonos – me recordó Elenor – Apostaría mis colmillos que saben más de nosotros que nosotros mismos ¿Crees que no podrían sonsacarle a William quiénes son sus vástagos? ¿Crees que no podrían ubicarte con hacer sólo un par de preguntas?
-Sigue sin tener sentido – protesté débilmente, pero la determinación en los ojos de Elenor me hizo tragarme el resto de mis protestas.
-En cualquier caso, Gerard, es hora de hacerle saber a todos que te he elegido como mi reemplazo en caso de que algo me ocurra – determinó gravemente – Para que sepan a quién acudir.
-¿Y qué es lo que sospechas que va a ocurrirte, Elenor? – quise saber, frunciendo el ceño.
-No podemos permitir que tengan la sangre de William – dijo Michael – No importaba cuando sólo tenían la de Mandrae, es muy probable que ese vampiro loco jamás haya bebido sangre humana, o por lo menos nunca demasiado. William es otro caso. Su sangre es demasiado espesa. Los hace demasiado poderosos.
-¿Y qué pretenden hacer?
Elenor intercambió una mirada con Micahel que simplemente no me dio buena espina. No podía leer sus mentes, ambos sabían como ocultarme sus pensamientos, pero de todos modos percibí que, fuera lo que fuera lo que iban a decir a continuación, no iba a gustarme nada.
-Iremos en una misión de rescate – me dijo Elenor – Rescataremos a William de manos de los Cazadores. O moriremos intentándolo.
Por un momento, pensé que ninguno de los tres volvería a decir una palabra. Una imagen sumamente poética: tres vampiros en aquella sala moderna con visos victorianos, la época favorita de Elenor, convertidos en estatuas, mirándonos con las barbillas levantadas en actitud de desafío, esperando que los otros reaccionaran antes. De hecho, lo supe de inmediato, estaban esperando mi reacción. Y se esperaban exactamente que reaccionara del modo en que lo hice.
-No – gruñí por lo bajo – Elenor, no puedes hacer eso.
-¿Por qué no? – preguntó Elenor fríamente – ¿Olvidas con quién estás hablando? Soy el único vástago de Basarab, probablemente el más poderoso de los Seis Vampiros de la Primera Generación. Soy la Condesa Erzsébeth Báthory. Mi nombre se encuentra grabado en sangre en los canales más oscuros de la historia. A mí y solo a mí la noche me confía sus secretos, ¿dudas de mi poder?
-No dudo de que eres poderosa en verdad, y un enemigo respetable para los Cazadores – le dije, y le abrí un resquicio de mi mente, solamente para que no pusiera en tela de juicio de mi sinceridad – Pero lo que propones es una misión suicida.
-¿Eso piensas?
-Estoy convencido de ello. Tu sacrificio sería inútil y no conseguirías nada, salvo que te maten o te secuestren a ti también – clavé la vista en Michael – Y me parece saber de donde sacaste una idea tan descabellada.
Los ojos de Michael brillaron en con franca furia hacia mí, pero no dijo nada. Para mi enorme sorpresa, Elenor salió en su defensa.
-Michael solamente me ha apuntado lo que es realmente necesario hacer – afirmó – Y no solamente eso, sino que se ha ofrecido a venir conmigo.
-¿Con que sí? – mascullé. Michael ladeó la cabeza con desprecio hacia mí.
-¿Dudas de mis buenas intenciones, hermano?
-Como siempre lo he hecho – repliqué con un chasquido de mi lengua. Apreté con fuerza las orejas de mi sillón, imaginando por un momento que era el cuello de Michael – Y supongo que no querrás ir sola – agregué, volviéndome hacia Elenor. Hubo una nota de culpabilidad en sus ojos oscuros, pero que desapareció casi de inmediato.
-No creo que necesario poner en riesgo a alguien más…
-¡Tonterías! – la corté – Yo iré contigo. Y si sabes lo que realmente te conviene, Condesa Báthory, entonces escogerás a otro como tu reemplazo, y te llevarás contigo a los vampiros más fuertes y valientes que se atrevan a seguirte. Te aseguro que no serán pocos, y te aseguro también que no te arrepentirás de de tenerlos a tu lado cuando los Vástagos de Mandrae te apunten con pistolas cargadas de balas de plata.
¿Hubo un destello de ira en el rostro de Michael o acaso fue sólo mi imaginación? No tuve tiempo de comprobarlo. No quería apartar los ojos de Elenor hasta convencerla que estaba en lo correcto.
Elenor apretó los labios largamente y reflexionó al respeto. Unos segundos más tarde, su gesto se fue aflojando con mucha lentitud.
-Has hablado sabiamente, mi viejo amigo – comentó, con un tono de voz mucho más suave en su timbre de soprano – Tienes razón. Procederemos como has dicho: llamaré a un Cónclave y explicaré la situación. Cualquier vampiro que desee venir será bienvenido en nuestras filas.
Suspiré aliviado y aflojé la presión en las orejas del sillón.
-La arrogancia es el peor enemigo de la supervivencia – murmuré para mí, y Elenor asintió.
-No lo volveré a olvidar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario