martes, 22 de marzo de 2011

Capítulo LV

Cuarenta y cinco. Cuarenta y cinco vampiros y vampiresas, algunos de los cuales tenían pocos menos poderes que los Cazadores, algunos de los cuáles no tenían la más mínima idea de lo que todo aquello podía significar y solamente se tomaban esto como otra noche de caza. Eso era todo lo que teníamos. Tendría que alcanzar.

-Miren bien a la persona a su lado – pidió Elenor aquella noche – Memoricen sus rostros, memoricen sus nombres. Los Cazadores pueden tener la habilidad de hacerse pasar por vampiros si beben la suficiente sangre, y no queremos que se confundan.

Hubo un murmullo de movimientos que se acalló con rapidez. La condesa se volvió hacia Raymond.

-¿Me haces el honor…?

-¿Qué? Oh, sí – Raymond dio un paso al frente, visiblemente incómodo por tener que hablar en público – Ejem, bien, luego de tres semanas de ataques informáticos, finalmente he conseguido introducirme en la red de información de los Cazadores. Había conseguido sus localizaciones… cuando, lamentablemente, me descubrieron.

-¿Te descubrieron? – gritó alguien desde el fondo – ¿Cómo te descubrieron? ¡Se supone que eres el mejor!

-Bueno, ellos tienen un sistema informático del infierno – se excusó Raymond, aún más incómodo, y varios murmullos de desaprobación y protesta empezaron a moverse por el lugar.

-Oye, deja hablar al vampiro – lo defendió Frankie, y el silencio volvió a reinar en la sala. Raymond carraspeó.

-Gracias… en fin, cuando me atraparon, me las ingenié para insertar un virus indetectable en su sistema que confundió el lugar de donde venía mi señal. Por lo que los Cazadores saben, el vampiro que los espía, si es que es un vampiro, podría estar en cualquier lugar del Área de los Tres Estados.

-Saben que alguien piensa atacarlos pronto – concluyó Kraig – Hemos perdido el factor sorpresa.

-Puede – aceptó Elenor – Pero a cambio ganamos otras cosas. Diles, por favor, Raymond.

-De a poco he ido derribando todos sus sistemas de seguridad – contó Raymond – y ahora básicamente tengo acceso ilimitado a sus cámaras de seguridad, y a los planos de su edificio.

-Tenemos ojos dentro de su fortaleza – señaló Elenor – Por lo que sabremos dónde buscar lo que queremos encontrar.

-Más que eso – Raymond sonrió por primera vez durante su presentación, y desplegó una lámina enfrente de nosotros – Tenemos planos. Así que los que entren sabrán exactamente a donde dirigirse, qué atajos tomar. Si se esfuerzan, podrán moverse por la fortaleza igual que los Cazadores.

-Brillante – murmuré, impresionado – Y contigo vigilándonos desde su propio sistema de seguridad, sabremos evitarlos a ellos también.

-El ataque debe ser pronto, antes de que decidan mover lo que buscamos a otra localización – aportó Kraig.

-Eh, disculpen, pero… ¿qué es exactamente lo que estmaos buscando? – preguntó tímidamente una joven vampiresa.

-Las reservas de Demonio Azul – explicó Raymond, señalando un lugar en el plano – Las esconden en el Ala Oeste. Son demasiadas para robarlas… así que habrá que quemarlas.

-La otra cosa que estamos buscando – dijo Elenor, y tomó aire. Era la primera vez que íbamos a revelar nuestra sospecha – es al único vampiro sobreviviente de la Primera Generación. Creemos que William fue raptado y están utilizando su sangre para aumentar los poderes de los Cazadores. Así que debemos rescatarlo… vivo, idealmente.

-¿Idealmente? – repitió Michael, incrédulo, pero los demás ya estaban prestando atención a otra cosa.

-No he visto rastros de William en mi vigilancia – informó Raymond – Pero hay un lugar que no tiene cámaras instaladas – explicó, mientras señalaba lo que parecía ser una cámara circular, justo en el centro de la estructura – La prisión. Si William, o cualquier otro vampiro, está en algún lugar de la fortaleza, tiene que ser ahí.

-Gerard y Michael liderarán un equipo de rescate – siguió diciendo Elenor – Otro grupo se dirigirá hacia las reservas de Demonio Azul y se encargará de destruirlas. El resto de ustedes, entrarán y crearán distracciones en los distintos puntos de la fortaleza para mantener a los Cazadores alejados de nuestros puntos de acción hasta que hayamos cumplido nuestros objetivos.

Siguieron largos detalles del plan que Elenor había creado y organizado con los detalles y la precisión de una deliciosa coreografía de ballet. No necesitaba prestarle atención. Ya sabía como se suponía que iba a ocurrir todo y qué papel cumpliría yo. Ni bien cayera el atardecer, nos dirigiríamos hacia la fortaleza, y entraríamos tan rápido como pudiéramos. Michael, yo y otros seis vampiros (Elenor insistió en que el grupo encargado de dicha misión debía ser el más grande, porque era simplemente vital que se cumpliera) nos abriríamos paso hasta la prisión, entraríamos y sacaríamos a William si lo encontrábamos allí.

Luego tendríamos que salir tan pronto como Kraig y su grupo, los encargados de prenderle fuego a la droga, dieran la señal de que debíamos abandonar el edificio antes de que las llamas se expandieran. De acuerdo a Raymond, calculando la inflamabilidad de la fortaleza y el hecho de que los Cazadores estarían demasiado ocupados para apagar el fuego, tendríamos aproximadamente quince minutos antes de que el fuego llegara a la parte central del edificio. Tendríamos que salir como fuera, lo principal era William, si había otros vampiros allí que no pudieran seguirnos el paso, tendríamos que abandonarlos.

Si salíamos cerca del amanecer, Elenor había dispuesto un refugio seguro para escondernos a pasar el día hasta que pudiéramos volver a movernos. Todo estaba bajo control. Por supuesto, sonaba mucho más fácil de lo que sería. Elenor tendía plena confianza en que yo podría realizarlo. Y yo tendría plena confianza en que saldría de allí vivo, cualquiera fuera el resultado de la misión… porque tenía un poderoso motivo para regresar. Frank no iba a ir a conmigo.

Se había horrorizado cuando descubrió que no tenía intenciones de llevarlo conmigo, y me había rogado por todo lo que se le ocurrió, que no lo dejara afuera de esto.

-¡Déjame unirme, por favor! – me había pedido con una voz temblorosa que me penetró hasta el fondo del corazón – ¡Déjame ir contigo!

-No – había contestado yo, aunque no sonó tan firme como hubiera querido – Frank, ¡de ninguna manera! ¿Cómo puedes pedirme algo como eso?

-Soy rápido – había empezado a enumerar Frank – Tengo el oído más agudo que todos ellos, tú me has enseñado a tantear cosas con la mente… ¡puedo hacerlo!

-No, no puedes – argumenté yo – ¿Qué tal si te ataca un Cazador que haya consumido la sangre de William? ¡No podrás sentirlo, porque tiene la misma sangre que yo!

-¡Me defenderé!

-Frank – di un paso adelante y le puse ambas manos en el rostro – Frank, no podrás hacerlo…

-¿Qué le pasó a no tener compasión de mí mismo? – preguntó Frank, obviamente molesto – ¿Qué pasó con…?

Antes de que pudiera terminar, lo besé para acallarlo.

-Por favor, por favor, no insistas – ahora era yo el que estaba rogando con desesperación – Por favor, ¡entiéndelo! ¡Si algo te pasara, jamás podría perdonármelo! Frank, no soportaría perderte… no así…

-Tengo que ir contigo – suplicó Frank – No puedo quedarme toda la noche, todo el día esperándote… sin saber si lo lograste o si… sería… sería la primera noche que estaríamos separados desde que…

-Desde que te encontré – completé, entendiendo a donde quería ir, y lo abracé con fuerza – Lo sé. Pero te lo imploro. Es demasiado peligroso.

Frank me había devuelto el abrazo con la misma pasión.

-Está bien. Está bien – accedió al fin – Pero prométeme… prométeme que volverás a mí.

-Te lo juro – contesté yo, antes de besarlo una vez más.

-¿Lo entiendes, Gerard?

La voz de Elenor resonó en mi cabeza con toda la autoridad de su condición. Levanté la vista hacia ella.

-Lo entiendo. Guiar a mi unidad hasta la prisión y liberaré a William de ser posible.

-¿Si alguien sale herido o es atacado…?

-… no debemos detenernos. El tiempo es precioso.

-¿Si encuentran a William…?

-Sacarlo de allí con la mayor diligencia posible.

-¿Y si te encuentras en un apuro?

Suspiré profundamente. Esperaba no tener que llegar a ese momento, pero Elenor no se tranquilizaría a menos que supiera que yo recitara sus instrucciones a la perfección.

-Hacer todo lo posible para que la sangre de William no caiga en manos de los Cazadores – dije, e ignoré la mirada horrorizada que me dirigía Michael – Incluso si eso significa… destruirlo.

No hay comentarios: